Por Pancho Herrera González.
Una nueva derrota de Cobreloa en el torneo de Primera B, deja como saldo un total de sólo una unidad habiéndose jugado ya cuatro fechas. Si bien el elenco naranja ya quedó libre en una, esto no parece ser un factor relevante, pues el equipo no gana, sigue resignando puntos y se hunde en el fondo de la tabla de posiciones. ¿Momento del mea culpa o aún se debe esperar?

Con la renovada dirigencia naranja, las esperanzas en el reflote del club, parecían justificadas. Se hablaba de directores empapados del sentir loíno, profesionales trasparentes que vendrían a “ordenar la casa”, pues el desorden administrativo dejado por dirigentes anteriores era tremendo. En todo esto, han tenido bastante éxito, rescatando en primer orden al club del peligro de la quiebra, manteniendo a duras penas una institución que continúa con problemas monetarios, adeuda sueldos a funcionarios y recientemente anunció la concesión de las escuelas de fútbol en Santiago (si, tal como una empresa, como lo es la lógica de las SADP).
Y en este “submundo” de empresas poco rentables que se ha transformado el fútbol chileno, Cobreloa sigue en decadencia futbolística, como si el paso a Primera B ya no fuese lo más significativo de este tropiezo al vacío. Aquí es donde me gustaría detener la atención.

Los “Zorros del Desierto” hace mucho tiempo que dejaron de ser una institución modelo dentro del fútbol chileno, para que hablar del “nombre” que se había posicionado a nivel internacional. Con un presente magro se valoran los esfuerzos por reflotar al club, pero no sólo alcanza con versos y palabras bonitas, pues dentro del orden que se ha establecido, todavía existe bastante desorden. En primer lugar, estamos trabajando sobre las ruinas de lo que fue el club, el cambio de dirigentes no terminó por limpiar del todo el chiquero en que convirtieron a Cobreloa, pues se insiste con una lógica de empresa exitosa, cuando no estamos frente a una con números azules. No hemos planteado una misión y una visión nueva frente al escenario al cual nos afrontamos día a día, mucho menos poseemos una identidad organizativa que nos permite decir en buen chileno “para dónde vamos”. Bueno, dentro de esa incertidumbre a medias, también tenemos que preocuparnos de lo futbolístico, punto en el cual la dirigencia ha mostrado sus notas más bajas.

Siempre fui de la idea de que con todo el descalabro económico y dirigencial que arrastraba Cobreloa, lo más sano era una reestructuración total, vale decir, incluir el ámbito futbolístico en este renacer. He ahí el primer problema. La institución naranja no es el gigante de antaño, por más verso que en torno a la “mística” (la identidad la perdimos hace rato), todavía se recite y en la dirigencia deberían saberlo. Parar un tiempo el “derroche” de dinero en armar un plantel competitivo debía ser la primera misión para este año. Confiar en el trabajo de inferiores que se está haciendo y proyectar un equipo desde las fuerzas básicas del club, era una buena forma de palear el mal momento económico y enfrentar un campeonato largo, con buenas opciones de desarrollo futbolístico. ¿Qué opción se tomó? Traer a Carlos Rojas (DT que no es de mi gusto y no diré más por el momento), contratar jugadores de “trayectoria” en la Primera B, cuajando al menos por nombres el mejor plantel de la división e intentar el ascenso de la forma más rápida posible. La realidad está bastante lejos de aquello.

Cobreloa es colista, con NOMBRES, con un PLANTEL, con una HISTORIA, de Primera división, ¿pero que sacamos con eso? No se gana, no se suma, no se avanza. ¿Cómo estaríamos en caso de haber afrontado el torneo con un equipo planteado en base a canteranos del club, proyectando quizás lo único bueno que ha logrado mantenerse? Peor que esto lo dudo.

El peor temores volver a perder un año en que no se aprenda nada, para como “mono porfiado” estar recibiendo golpe tras golpe, volviendo a ponernos en la misma posición sin cambiar nada, simplemente por la porfía de recibir otro golpe, por intentar mantener una posición. ¿Dará resultado ahora? Es lo que al parecer queremos acostumbrarnos a meditar cada inicio de temporada.

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