Con un doloroso último lugar, y sin haber ganado un solo partido, nuestra selección nacional sub 20 finalizó un desastroso proceso, sin mostrar lo que su técnico Héctor Robles pretendía y con sus grandes figuras en deuda, como Jeisson Vargas, o Jaime Carreño.

Previo al torneo, las expectativas eran muy altas debido al gran rodaje que tenía el plantel en primera división, sin embargo, esto no fu así. Entonces, ¿Qué falló en el proceso de Robles?

En los partidos se vio un equipo poco fluido, sin un juego e identidad clara. Si bien Robles especificó que su idea de juego no tenía nada que ver con Bielsa y Sampaoli (lo que no tiene nada de malo), la verdad es que no se vio ningún estilo definido, dejando todo su poderío ofensivo en jugadas individuales protagonizadas por Víctor Dávila (quizás uno de los puntos más altos de Chile), y en menor medida de Richard Paredes o Ignacio Jara.

Se vio un mediocampo dubitativo, sin un referente que manejara los tiempos del equipo, Ni Suazo, ni Carreño ni Cuadra pudieron tomar el liderazgo de esta zona de juego, por lo que se recurría a balones largos buscando directamente a los atacantes, ya sea Iván Morales, Richard Paredes o el ya nombrado Dávila.

Robles no pudo encontrar un equipo titular, variando mucho la alineación inicial partido a partido. Esto en parte porque los jugadores no pudieron demostrar lo que el técnico requería, por lo que Robles buscaba respuestas partido a partido.

Otro aspecto negativo fueron las expulsiones, donde Jeisson Vargas cometió una irresponsabilidad al realizar una violenta entrada en contra de un rival Brasileño, condicionando al equipo y perdiendo una figura importante para Chile. Punto aparte fue lo de Carreño, quien fue sancionado por dos fechas al ser expulsado desde el banco de suplentes.

En resumen, se notó un equipo sin identidad, Robles no logró encontrar una idea de juego, por lo que los rivales atacaban con facilidad a nuestra portería, lo que convirtió al arquero Collao y al central Sierralta como los puntos altos de este proceso, ya que debían estar siempre atentos a los ataques del rival, quien ingresaba con facilidad al último cuarto del campo de juego.

Hay que seguir viendo cómo evolucionan estos jugadores, y ver si logran el despegue definitivo, y logran ser la anhelada generación de recambio. Por el momento, hay mucho por trabajar.

FOTOS: ANFP.CL

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